Iglesia de Dios Unida
Predicando el Evangelio, Preparando un Pueblo Nuestro Sitio LocalSobre la Iglesia de Dios Unida Literatura Online Multimedia Recursos para los Miembros de la IDU Para los Jóvenes Contacto Ayuda
Predicando el Evangelio, Preparando un Pueblo Bienvenidos al Sitio Web de la Iglesia de Dios Unida, Editora de la Revista Las Buenas Noticias
bar seperator
 Busque en nuestro sitio
  

Índice

Lecciones "Escondidas" de la primera Pascua
Lo que significa celebrar la Pascua de Manera indigna
Percepción espiritual
Libertad por medio del Perdón

Otras Lecturas Disponibles

Programa de lecturas para la Pascua
y la Fiesta de Panes sin Levadura
2008
El pan y el vino - El significado de los símbolos de la Pascua
¿Cuál es el verdadero origen de la Pascua Florida?
La Noche de Guardar: Estemos vigilantes
¿Qué significa para los cristianos la Fiesta de los Panes sin Levadura?
Recetario de Panes sin Levadura
Descargue estos artículos en formato pdf
 
 
 

Lecciones "escondidas"
de la primera Pascua

 

Al acercarnos cada año a la Pascua de Dios, es provechoso repasar la historia de la primera Pascua que celebró Israel, en la que vemos lecciones muy significativas para nosotros.

Sin defecto: Los israelitas tenían que escoger un cordero sin defecto, esto es, sin mancha, sin contaminación y perfecto (Éxodo 12:5). Este cordero representaba el futuro sacrificio de Cristo, quien fue perfecto, sin defecto, particularmente en el sentido espiritual. Así que él fue el sacrificio perfecto por los pecados de la humanidad.

Esto se aclara en 1 Pedro 1:18-19: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”.

El cordero tenía que ser de un año, cuando estaba en la flor de la vida. Vemos que Cristo mismo murió a la edad de 33 años, un sacrificio inocente ofrecido en la flor de la vida.

No para ser pisoteada: Luego la sangre del cordero tenía que ser untada estricta y cuidadosamente en ambos lados y parte superior del marco de la puerta (Éxodo 12:7). Los israelitas no aplicaron la sangre abajo, en el umbral de la puerta.

La sangre simbolizaba la sangre de Jesucristo y no podían haberla “pisoteado” pasando sobre ella. Esto se enfatiza en el plano espiritual en Hebreos 10:28-29: “El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios . . . ?”

Dentro de la casa: Cada familia de israelitas tenía que comer el cordero dentro de su casa, con la sangre untada en la puerta. Estando dentro de las casas, estaban protegidos de la muerte.

De la misma manera, quienes se encuentran dentro de la casa de Dios —su templo y su iglesia, que incluye a todos los que tienen el Espíritu Santo— serán protegidos de la segunda muerte. Si continuamos en la fe y somos guiados por el Espíritu Santo, entonces el sacrificio de Cristo hará posible que recibamos el don de la vida eterna.

Asado, con panes sin levadura y con hierbas amargas: Podían comer el cordero únicamente después de haberlo asado al fuego, junto con panes sin levadura y hierbas amargas (Éxodo 12:8).

El asado al fuego simbolizó a Cristo dándose completamente por el hombre. Se comía con panes sin levadura porque Cristo era perfecto y sin pecado; por lo que el pan tenía que ser sin levadura (simbólicamente sin pecado).

Las hierbas amargas le recordaban a Israel lo que había sufrido durante su esclavitud en Egipto. Su servidumbre fue en verdad amarga, pero también simbolizaba la “esclavitud al pecado”, que ellos estaban dejando y del que nosotros salimos y debemos mantenernos libres.

Un sacrificio total: El “asado al fuego” abarca todas las partes del cordero: los órganos internos, los intestinos, todo (Éxodo 12:9). Esto representaba el sacrificio total y completo de Cristo.

El cordero debía ser consumido completamente. Cualquier parte que no se hubiera comido tenía que ser quemada al fuego. De esa manera ninguna parte del cordero estaría sujeta a descomposición o corrupción, así como el cuerpo de Cristo no vio corrupción (Hechos 13:36-37).

Preparados para salir: Los israelitas tenían que estar completamente preparados para salir de Egipto, el único mundo que habían conocido (Éxodo 12:11). Ahora tenían que confiar en Dios y vivir por sus leyes y no mirar atrás hacia Egipto. Para nosotros el significado es claro: salir de este mundo y nunca mirar hacia atrás.

Esa primera Pascua contiene lecciones poderosas para nosotros. Hoy, los símbolos de la Pascua han cambiado, pero las lecciones de la primera Pascua nos dan un significado y apreciación más grandes de la magnitud del sacrificio de Cristo por nosotros, al igual que por muchos miles de millones que nunca le conocieron ni le conocerán hasta el milenio y el cumplimiento del Último Gran Día.

Estas lecciones simbolizan lo que Dios requiere todavía de su pueblo. Dios verdaderamente es el mismo, ayer hoy y siempre.

—Joseph Sheperd

 

 Lo que signica celebrar la Pascua
de manera indigna

Examinemos lo que significa tomar la Pascua indignamente
y profanar el cuerpo y la sangre del Señor.

La Pascua conmemora la muerte de Jesús y nuestra liberación del pecado. Es la ocasión más solemne y sagrada del año. Jesús nos dio un ejemplo y un mandato: “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:26-28).

Debemos hacer esto cada año como Cristo lo hizo, en la Pascua, comiendo el pan y bebiendo el vino en memoria de él (1 Corintios 11:24-26).

¿De manera indigna?

Pero Pablo añade: “Por lo tanto, cualquiera que coma el pan o beba de la copa del Señor de manera indigna, será culpable de pecar contra el cuerpo y la sangre del Señor” (1 Corintios 11:27, Nueva Versión Internacional).

Este versículo no está hablando acerca de que algún miembro de la iglesia sea digno o indigno de celebrar la Pascua. Está hablando acerca de la manera en que lo hacemos. Satanás trata de engañarnos y hacernos creer que no somos dignos de observar la Pascua. Pero no nos dejemos engañar. Ninguno de nosotros puede ser digno de la gracia y el amor de Dios. Pero Cristo voluntariamente sacrificó su vida para que pudiéramos ser tenidos por dignos. Si usted ha sido bautizado y tiene el santo Espíritu de Dios, es digno y se le ordena celebrarla.

Sabemos que Jesús dio su vida para que pudiéramos ser perdonados. Sufrió una horripilante golpiza para que pudiéramos ser sanados (Isaías 53:4-5).

Nosotros debemos discernir “el cuerpo”. “Porque el que come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condena” (1 Corintios 11:29, NVI). Debemos tener una reverencia apropiada por el sacrificio del cuerpo de Jesús.

El cuerpo también representa a la iglesia

Recuerde que el cuerpo de Jesús representa también a la iglesia (Colosenses 1:24; Romanos 12:5). “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12:12-13).

Como miembros del Cuerpo de Cristo, ¿cómo debemos tratarnos los unos a los otros? Cristo nos dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34).

Así pues, ¿cómo nos tratamos unos a otros? Cristo aborrece a los que siembran discordia entre los hermanos (Proverbios 6:19). Antes de la Pascua es un momento oportuno para examinarnos a nosotros mismos: ¿Hay odio y división entre nosotros? ¿Hay algún miembro de la iglesia a quien no ama usted? “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4:20-21).

Cristo nos dice que nos juzguemos o que nos examinemos a nosotros mismos. ¿Hay alguien en la iglesia contra quien guardamos rencor? ¿Nos odiamos y nos devoramos unos a otros? Si es así, no sólo estamos pecando unos contra otros, sino que también estamos pecando en contra del mismo Cuerpo de Cristo, puesto que la iglesia es el Cuerpo de Cristo, compuesto de los llamados, los que tienen su Espíritu Santo.

No debemos hablar mal los unos de los otros. “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley . . . pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?” (Santiago 4:11-12).

Si no nos amamos unos a otros, quebrantamos la ley y pecamos en contra de Cristo (1 Corintios 8:12).

En resumen

Vemos entonces que Cristo nos dice que no celebremos la Pascua de una manera indigna, sino que tengamos una reverencia apropiada por el cuerpo y la sangre de Cristo.

Debemos juzgarnos y examinarnos a nosotros mismos. No debemos juzgarnos los unos a los otros ni guardar rencor, porque al hacerlo pecamos contra Cristo y su Cuerpo, que es la iglesia.

Recuerde que Cristo murió por nosotros. Derramó su sangre para que pudiéramos ser perdonados y nos reconcilió con Dios el Padre. Si hemos pecado, este es el tiempo de arrepentirnos de esos pecados, especialmente de los pecados en contra de unos y de otros (Mateo 18:15-17).

Cristo dice que nos debemos juzgar, no sea que incurramos en juicio (1 Corintios 11:29-31).

¿Qué sucede cuando incurrimos en juicio? ¿Quién es el que juzga?

“Mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:32). “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” (1 Corintios 11:30).

Como podemos ver, celebrar la Pascua indignamente y pecar contra el Cuerpo de Cristo (la iglesia) puede traer consecuencias serias. Pero aun en el castigo, Cristo nos ama tanto que nos salva, mediante el castigo, de ser condenados juntamente con el mundo.

—Vern Kardell

 

 

Percepción espiritual

Satanás es el maestro en cegar a la gente. Por tanto, necesitamos tener sentidos espirituales penetrantes para evitar el pecado y pensar más como Jesucristo.

La mayoría de los humanos tienen cinco sentidos físicos que les ayudan a sobrevivir y a evitar daños físicos. Para evitar daños espirituales, necesitamos desarrollar sentidos espirituales tan sensibles como los sentidos físicos.

El pecado acarrea dolor físico y espiritual, tanto para nosotros como para todos a nuestro alrededor. Por tanto, parece razonable que si entendemos cómo ocurre el pecado podemos desarrollar sentidos espirituales para evitarlo en nuestra vida.

Hay patrones claros de pensamiento y conducta que conducen al pecado. A medida que los reconozcamos, podremos reflexionar sobre nuestra lucha personal contra el pecado y preguntarnos si hemos sido enlazados por estos patrones.

Acán y David

Considere el ejemplo de Acán en Josué 7:21. Él codiciaba las posesiones físicas. Después de codiciar ciertos objetos, los tomó y los escondió en su tienda. El versículo 25 describe el castigo que sufrió.

Un segundo ejemplo se encuentra en 2 Samuel 11:2-4. Debido a que éste tiene que ver con el rey David, un siervo de Dios, podemos entender que no importa lo alta que sea la posición que ocupemos, el pecado está siempre a la puerta.

El rey vio a una hermosa mujer que se bañaba. Después de permitirse detener sus pensamientos en lo que había visto, envió a alguien a buscarla y cometió pecado con ella. Afortunadamente, David se arrepintió, pero el castigo por su pecado se describe en 2 Samuel 12:10-14.

Un patrón de cuatro partes

Podemos identificar un patrón de cuatro partes en estos dos pecados:

Primero está la actividad de los sentidos, la cual a todos nos afecta todos los días. Lo que debe aprender es notar de inmediato cuándo su armadura espiritual ha sido traspasada. Luego cambiar el tema, o el canal, o lo que esté haciendo. No vacile. Simplemente cambie tan automáticamente como lo haría al aplastar un mosquito.

Enseguida viene el deseo. Eso ocurre si no cambia lo suficientemente rápido. El deseo es muy persuasivo y pronto se convierte en un deseo ardiente si no lo eliminamos de inmediato.

La tercera parte es la acción. Para cuando llegamos a la parte tercera, solamente nos podemos detener si sabemos que el Padre va a estar terriblemente desilusionado con nuestras acciones. Pero la naturaleza humana trata de no pensar acerca de Dios en una situación así.

La última parte es el castigo.

¿Qué podemos aprender acerca de este proceso?

El castigo

Empecemos con el castigo. El fundamento para vencer el pecado es el arrepentimiento. Cuando el rey David se enfrentó finalmente a la realidad de su transgresión, se arrepintió (2 Samuel 12:13). Aun así, Dios dejó que David sufriera un serio castigo físico: la pérdida de su hijo.

Y David no fue el único que sufrió. El principal consejero de David era un hombre llamado Ahitofel. Hoy diríamos que Ahitofel era el jefe de estado mayor.

¿Sabía usted que Ahitofel era el abuelo de Betsabé? El padre de Betsabé era Eliam, y Eliam era el hijo de Ahitofel (2 Samuel 23:34; 2 Samuel 11:3). ¡Él sabía que el rey había cometido adulterio con su nieta y sospechaba que también había tramado la muerte de Urías en el campo de batalla!

Ahora usted puede ver por qué Ahitofel se unió al príncipe Absalón en su intento de derrocar a David. Ahitofel le dijo a Absalón cómo derrotar a David y le instó a que lo hiciera inmediatamente, pero Absalón actuó de acuerdo al consejo de otro asesor en lugar del de Ahitofel. Ahitofel sabía que Absalón iba a perder y que todos los que estaban con él serían ejecutados por traición. Él se había aliado con el joven príncipe; por tanto, se ahorcó.

Entonces, el pecado de David ¿les causó daño a otros y no sólo a él? ¡Por supuesto! ¡Y nadie sabe cómo afecto todo eso a Betsabé! David tuvo que arrepentirse por mucho más que el adulterio. (La reacción de David con respecto a la traición de Ahitofel se encuentra en el Salmo 55.)

La acción

Veamos ahora la fase de la acción en esta ecuación. La mayoría de nosotros que somos cristianos estamos penosamente conscientes de nuestras faltas y frustrados acerca de cómo cambiar nuestra conducta. Si David hubiera tan sólo codiciado y no hubiera hecho nada con Betsabé, sólo habría incurrido en la pena de muerte. Luego, al arrepentirse, sólo él y Dios habrían sido lastimados por el deseo ilícito.

El deseo

¿Qué clases de información estamos permitiendo entrar en nuestra mente? ¿Qué es lo que vemos en la televisión y en las películas? ¿Qué imágenes y conceptos están transmitiendo nuestros ojos a nuestra mente debido a lo que leemos en libros y revistas? ¿Qué es lo que estamos observando en la pantalla de nuestro computador? ¿Qué estamos aprendiendo de lo que escuchamos en el radio o en los discos compactos? ¿Qué clase de conversaciones estamos escuchando? ¿Nos damos cuenta de que la pornografía es adictiva y que impide la capacidad de la persona para tener sanas relaciones interpersonales?

Todos los días nos acosan las tentaciones, y aun Jesús tuvo algunas. ¿Se acuerdan de la tentación en el desierto? Después de haber estado ayunando por 40 días y 40 noches, la Biblia dice: “Tuvo hambre”.

¡Esta es una tremenda subestimación! Es posible que estuviera cerca del punto en que su salud fuera perjudicada permanentemente. Sin embargo, podía recordar el aroma del pan recién horneado, y Satanás se valió de eso para tentarlo a que convirtiera las piedras en pan. Pero su respuesta al diablo fue, en efecto: “Yo pertenezco a Dios, y él me alimentará cuando quiera hacerlo”.

Vemos aquí que el ayuno ayudó a Cristo a resistir las tentaciones de Satanás. El ayuno es un recurso que podemos utilizar para reordenar nuestras prioridades.

Tiempo de retroceder y de desviarnos

Todo lo que podemos hacer es aprender a retroceder cuando somos asediados por una tentación y desviarnos de ella antes de que se convierta en un deseo. Si no detenemos el ciclo vicioso en el momento de la tentación, tendremos una oportunidad más, cuando se convierta en deseo. Y una vez que se convierta en acción, alguien será lastimado, aunque nos arrepintamos con muchas lágrimas.

¡Nos hemos comprometido a buscar el Reino de Dios! Necesitamos tener la percepción espiritual para ver ese reino.

—Jim Smith

 

 

Libertad por medio del perdón

 

El 7 de diciembre de 1941, Joe Morgan adquirió un odio profundo en contra de los japoneses. Como soldado de aviación en pertrechos de guerra, estaba estacionado en Pearl Harbor, Hawái, y experimentó el bombardeo devastador que los japoneses llevaron a cabo ese día. Durante tan pavoroso evento, él prometió: “Dios, si me libras de esto, seré un predicador”. Él cumplió su promesa y después de la guerra fue capellán en la marina. Sin embargo, nunca perdonó a los japoneses.

Años después, Joe Morgan asistió a una convención de sobrevivientes. El orador invitado fue el comandante Mitsuo Fuchida, jefe del asalto aéreo a Pearl Harbor. Después de la guerra, Fuchida se convirtió al cristianismo y llegó a ser un ministro. Después del discurso de Fuchida, Joe Morgan se le acercó cautelosamente para decirle: “Yo soy un sobreviviente”. En su sitio en Internet se describe lo que sucedió en seguida:

“Fuchida dijo en japonés: ‘Gomenasai’ (Lo siento). Luego en inglés dijo: ‘Perdóneme, por favor’. Él extendió su mano para estrechar la mía. ¡En el instante en que nuestras manos se tocaron, desaparecieron todo el odio y enemistad hacia él y su país! ¡Dios reemplazó esos sentimientos con perdón!” El comandante se disculpó por sus acciones. Los años de enojo y odio se habían desvanecido, y Joe Morgan perdonó (www.joemorgan.org/pages/phstory8.html).

Mi esposa y yo escuchamos esta historia hace varios años durante la Fiesta de los Tabernáculos en Hawái. Visitamos el centro conmemorativo del buque de guerra USS Arizona, en el que Joe Morgan servía voluntariamente una vez por semana. Al darle las gracias, yo le dije: “La clase de perdón de la que habla usted requiere ayuda divina”. De inmediato me respondió: “¡Tiene usted toda la razón!”

Más tarde, parados dentro del monumento conmemorativo blanco construido sobre los restos enmohecidos del Arizona, de cuyas entrañas salían grandes burbujas de aceite, yo reflexioné en sus palabras.

Joe Morgan encontró libertad en el perdón. ¿La ha encontrado usted? ¿La he encontrado yo?

Todos nosotros hemos sido lastimados en la vida. Cada uno de nosotros ha sido torpedeado o nuestra embarcación se ha hundido. Y si somos honrados, tenemos que reconocer que nosotros hemos lastimado a otros en alguna ocasión, ya sea por accidente o hasta con malicia. Todos nosotros hemos dejado caer una o dos bombas. Yo lo he hecho. En realidad, la razón por la que he compartido esto es porque a mí me era difícil perdonar, tanto a otros como a mí mismo. Pero con la ayuda de Dios, estoy venciendo esta debilidad, y Dios quiere que usted encuentre la misma libertad.

Sin el perdón, las bombas y torpedos de la vida —los accidentes, errores, daños y pecados— pueden endurecernos. Nuestra vida puede terminar siendo una sepultura como lo es el Arizona, un casco destrozado y quemado, con huesos de muerto en su interior y una fachada blanqueada sobre él, exactamente como Jesús describió a los fariseos en Mateo 23:27.

Pero eso no es lo que Dios quiere para usted y para mí. Él nos llamó a libertad, no a esclavitud. Así lo dice en Juan 8:32: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Dios nos ha perdonado, y él espera que nosotros perdonemos también. Jesucristo lo dijo en Mateo 18:22-35. El señor en esta parábola se disgustó muchísimo con el siervo que no le perdonó a su consiervo. El versículo final es especialmente punzante, y debemos prestarle atención: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas”. Jesús también advirtió: “Si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:15).

Perdonar es muy sencillo, y sin embargo, en ocasiones es muy difícil (Lucas 17:1-4). Es tan positivo, y sin embargo, algunas veces está positivamente fuera de nuestro alcance.

No obstante, esto es lo que se espera que hagamos, porque es lo que Dios ha hecho por nosotros. Por eso es que se necesita la ayuda divina para que podamos perdonar de corazón.

Debido a que el perdón es un asunto del corazón, él nos da una promesa en 1 Juan 3:20: “Pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios”. Dios y Jesucristo conocen nuestra flaqueza humana y están dispuestos a ayudar a cambiarnos para hacer lo que se espera, si es que estamos dispuestos a perdonar.

Perdonar es una elección diaria; podemos hacerla cuando oramos por otros o por nosotros mismos. Perdonar es también una lección que se nos recuerda muy especialmente en la Pascua. Con la Pascua que se aproxima, el perdón y la necesidad de perdonar a otros son temas de actualidad para cada uno de nosotros.

El perdón es también un tema principal para el futuro, cuando todos los que han ofendido y han sido ofendidos encontrarán finalmente libertad en el perdón: alemanes y judíos, negros y blancos, palestinos y judíos, amerindios e conquistadores blancos, hombres y mujeres, todos finalmente van a encontrar la libertad del perdón del que es un ejemplo inspirador Joe Morgan. Al respecto, él dijo: “Descubrí ese día el secreto para la paz mundial”.

El ejemplo de Joe Morgan me inspiró a comenzar a hacerle frente y a superar mi debilidad, y confío en que su historia tenga un resultado similar en usted. Si Jesucristo está viviendo su vida en usted y en mí, entonces estaremos logrando un progreso tangible, estaremos encontrando la libertad verdadera en el perdón.

Esta es la promesa de Jesucristo: “Si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial” (Mateo 6:14).

Joe Morgan murió en el año 2002. Yo me comuniqué con su hijo Rob y compartí con él la manera en que el encuentro con su padre me había inspirado. En enero de este año, al darme permiso para compartir la historia de su padre, escribió:

“Su sitio en Internet y su video continúan contando su historia y cambiando vidas. Yo todavía comparto la historia de mi papá como un ejemplo maravilloso de cómo el perdón surte efecto”.

Joe Morgan encontró libertad en el perdón. Su vida es un ejemplo para usted y para mí de cómo podemos encontrar la libertad verdadera. ¿Podremos también nosotros aprender a perdonar?

—John Fox

Descargue estos artículos en formato pdf 

 

© 1995-2006 United Church of God, an International Association (Sitio Oficial) | Iglesia de Dios Unida | Política del Sitio Web |La reproducción en parte o completa sin permiso esta prohibido. Toda correspondencia y preguntas deben ser enviadas a info@iglesiadediosunida.org. Envíe preguntas sobre el como opera este Sitio Web a webmaster@iglesiadediosunida.org.