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Lectura Bíblica de hoy:  Génesis 49:29-50:26 

Tópico: Jacob profetiza acerca de Israel en el tiempo del fin

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Biblia RV-1960

 
 

Lectura Bíblica

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Génesis 45
Génesis 46-47
Génesis 48
Génesis 49:1-28
Génesis 49:29-50:26

 

Muerte y entierro   (Génesis 49-29-50:26)

Después de la muerte de Jacob, José cumplió lo que su padre le había pedido de enterrarlo en la misma cueva en que Abraham e Isaac habían sido enterrados. José, quien le había jurado a su padre que cumpliría su voluntad, lo hizo tal como él se lo pidió, junto con sus hermanos y aun con algunos ancianos egipcios y siervos del faraón. El hecho de que la realeza egipcia hubiera hecho lamentación con José por la muerte de Jacob demuestra el gran respeto que los egipcios sentían por José, el hombre al que Dios había usado para salvarlos del hambre y por el que su nación se había engrandecido enormemente.

José también expresó su deseo de ser enterrado en la tierra de sus padres. Él sabía que más tarde Dios iba a sacar al pueblo de Israel de Egipto para llevarlo de regreso a Canaán, y les hizo jurar a los hijos de Israel que hicieran "llevar de aquí" sus huesos (v. 25). Sin embargo, como él era un personaje nacional en Egipto, fue puesto primero en un ataúd en Egipto, antes de ser trasladado hasta su tierra natal. Es claro que José sabía acerca de su entierro en Egipto y de la futura liberación de su pueblo, y por eso les hizo prometer que lo sacarían de allí. Muchos años más tarde, Moisés cumplió estos votos y tomó los huesos de José para sacarlos de Egipto en el momento del éxodo (Éxodo 13:19). Los huesos permanecieron con los hijos de Israel hasta que entraron en la Tierra Prometida y fueron finalmente enterrados en Siquem (Josué 24:32).

El hecho de que los restos de los patriarcas hayan sido enterrados en la tierra de Canaán puede ser un símbolo de su futura herencia de la Tierra Prometida, que en sí misma prefigura el venidero Reino de Dios. Y de hecho, ellos resucitarán  en el momento en que el Reino de Dios sea establecido, cuando Jesucristo regrese. Por supuesto, sin importar en dónde hayan sido enterrados, los santos de Dios serán resucitados en el momento en que Jesucristo regrese, para entrar en la verdadera Tierra Prometida, el Reino de Dios, que regirá todas las naciones de la tierra.

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