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Lectura Bíblica de hoy:  Génesis 46-47 

Tópico: Jacob se traslada a Egipto; la administración de José durante el hambre

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Biblia RV-1960

 
 

Lectura Bíblica

Génesis 1:1-2:4
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Génesis 34
Génesis 35:1-26
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Génesis 41
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Génesis 43
Génesis 44
Génesis 45
Génesis 46-47
Génesis 48
Génesis 49:1-28
Génesis 49:29-50:26

 

Israel se traslada a Egipto  (Génesis 46-47)

Nuevamente, Dios le habló a Israel (Jacob) para reafirmarle su protección divina. Tal como José lo había reconocido, Dios confirmó que todo hacía parte de su plan para traer la familia de Jacob a Egipto, en donde los haría una gran nación. Sólo Dios sabía todo lo que tenía reservado para los descendientes de Israel, hechos que están registradosen el libro del Éxodo.

En Génesis 45:28 Jacob expresó el deseo que colmaría su vida: ir a Egipto y ver nuevamente a su hijo José. Eso era suficiente. Aquí, Dios confortó a Jacob de una forma que debió llenarlo de un profundo gozo. Le prometió que no solamente la familia de Jacob iba a ser una gran nación, sino que le confirmó a Jacob que su último deseo sería cumplido: volvería a ver al hijo que había perdido. El primogénito de Raquel estaría a su lado en el lecho de muerte.

Finalmente, llegó el momento del reencuentro y hubo lágrimas de alegría, el dolor de Jacob se terminó, su vida estaba completa y pudo esperar en paz el día de su muerte. La vida de Jacob había sido una larga y dolorosa lucha al cosechar las semillas de corrupción sembradas en su juventud.  Sus propios hijos lo engañaron acerca de lo que había sucedido con su hijo José, y para hacerlo usaron las mismas cosas con las que él había engañado a su padre Jacob para recibir la primogenitura: un cordero sacrificado y una prenda de vestir especial. Por más de 20 años Jacob había creído la mentira de que José estaba muerto. Jacob le dijo al faraón egipcio: "Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida . . ." (47:9). Muy triste, y muy cierto.

La vida de Jacob debe ser una lección para nosotros en el sentido de que cosechamos lo que sembramos (ver Gálatas 6:7). Por supuesto, todos hemos pecado (Romanos 3:23), y debemos sentirnos muy agradecidos porque si nos arrepentimos, Dios nos quitará algunas de las consecuencias del pecado. Pero no las removerá totalmente de nuestra vida, para que podamos aprender lecciones importantes, tal como nos lo muestra la historia de Jacob. Al final, su vida no fue tan mala. Después de todo, se convirtió en un hombre cuyo nombre fue cambiado por el de Israel, que significa "el que lucha con Dios" (Génesis 32:28). Aunque Jacob estaba listo para morir después de ver a José, Dios le dio 17 años más de vida para que pudiera compartir con José y su familia (47:28). De hecho, en nuestra próxima lectura veremos que al final de su vida Jacob dijo que Dios le había libertado "de todo mal" (48:16), y encontró felicidad al final de sus días.

Sin embargo, fue un camino largo y difícil para llegar hasta ese punto. No tenía por qué ser así, si Jacob no hubiera sembrado una semilla corrupta en los años anteriores. Esta lección está escrita "para nuestra enseñanza" (Romanos 15:4). Si nosotros hemos estado sembrando una mala semilla, debemos detenernos ahora, pedirle perdón a Dios y comenzar, con su ayuda, a sembrar una buena semilla de la que podamos cosechar un mejor mañana. La elección es nuestra.

Finalmente, en Génesis 46 encontramos una clasificación de todos los nombres de la familia de Israel que viajaron a Egipto. Si contamos a José y a su familia, eran 70 personas en total. Sabemos por el libro del Éxodo que de este pequeño grupo se formó un pueblo de 600.000 hombres que salieron de Egipto (12:37), lo que probablemente significa una población total de dos o tres millones de personas. José ubicó a la familia de su padre en la región de Gosén, la parte de Egipto más cercana a Canaán y una tierra con abundante agua y pastos verdes para sus rebaños, y allí residirían hasta la época de su liberación.

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