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Lectura Bíblica de hoy:  Génesis 41

Tópico: Los sueños del faraón; José interpreta los sueños

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Biblia RV-1960

 
 

Lectura Bíblica

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Génesis 48
Génesis 49:1-28
Génesis 49:29-50:26

 

La prueba histórica de la hambruna y de José  (Génesis 41)

Cuando José tenía 30 años, después de estar en prisión otros dos años, Dios dio otro paso en el plan que estaba llevando a cabo. Él hizo que el faraón tuviera un sueño profético que nadie podía explicar. Finalmente, el copero se acordó de los extraordinarios sucesos relacionados con el sueño que tuvo en la prisión y la interpretación de José. José fue llevado delante del faraón y le dijo el significado de su sueño: siete años de abundancia seguidos por siete años de hambre.

Se cree que existen pruebas históricas que confirman el tiempo de abundancia seguido por un período de gran escasez. Veamos una cita del libro The Signature of God ("La firma de Dios"), escrito por Grant Jeffrey (1966, pp. 42-43):

En el siglo 19 se descubrió en el sur de Arabia Saudita una fascinante inscripción que confirma el relato de la Biblia acerca de "siete años de gran abundancia" seguidos por "siete años de hambre" (Génesis 41:29-30). La inscripción estaba en una tableta de mármol hallada en las ruinas de una fortaleza a la orilla del mar en Hadramaut, en lo que hoy es el Yemen. Un análisis del texto sugiere que fue escrito [en la época patriarcal]

. . . Veamos la traducción de esta antigua inscripción:

En este castillo moramos en paz un largo período de tiempo; lo único que deseábamos era servirle al dios de los viñedos.

Centenares de camellos regresaban a nosotros cada día al anochecer, felices de descansar en sus moradas de reposo.

El doble de nuestros camellos eran nuestras ovejas, graciosas y blancas, y también el ganado que se movía lentamente. Vivimos en este castillo siete años de buena vida, ¡Cuán difícil es para la mente su descripción!

Entonces llegaron los años estériles y todo lo quemaron: cuando un mal año ya había pasado, entonces llegaba otro después. Y nos volvimos como si nunca hubiéramos probado el bien.

Ellos murieron y ni los pies ni las pezuñas quedaron. Así acontece a todo aquel que no le da gracias a Dios: Sus huellas serán borradas del lugar de su morada.

Aunque sea extraordinario, esto no debiera sorprendernos mucho. Al fin y al cabo, la Biblia es la Palabra de Dios, y es verdad, aunque los escépticos crean lo contrario.

Veamos otro aparte del mismo libro (pp. 44-45):

Como lo registra el libro del Génesis, los siete años de hambre en Egipto fueron tan severos que José, el principal administrador, tuvo que ser muy cuidadoso al vender la comida de las preciosas reservas de grano para satisfacer el hambre de todos los habitantes de los países vecinos . . . José no podía vender a todos las reservas de Egipto porque existía el peligro de quedarse sin alimentos. Cuando el hambre estaba en todo su furor, los granos eran mucho más valiosos que el oro o el dinero.

En el siglo 19 los exploradores descubrieron un buen número de fascinantes inscripciones antiguas en el Cercano Oriente, las cuales han servido para confirmar los hechos registrados en las Sagradas Escrituras . . . La más fascinante de todas fue una tableta de piedra [hallada en la tumba de una mujer noble y rica del Yemen, quien vivió en la época patriarcal], con la inscripción final de la mujer que confirma el relato bíblico acerca de la cuidadosa administración que José hizo de las reservas finales de alimentos durante los siete años de hambre en Egipto.

En tu nombre o dios, el dios de Hamyar, Yo, Tajah, la hija de Dzu Shefar, envié mi mayordomo a José, Y cuando él se demoró en regresar, envié a mi sierva con cierta cantidad de plata, para que me trajera una medida de harina; Y como no pudo conseguirla, envié con ella una cantidad de oro; Y como no pudo conseguirla, envíe con ella una cantidad de perlas; Y como no pudo conseguirla, pedí que me las molieran; Y viendo que carecían de valor, estoy encerrada aquí.

Cualquiera que oiga de esto, por favor compadézcame; Cualquier mujer que se adorne con adornos de mi aderezo, que se muera de la misma muerte que yo.

 

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