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Lectura Bíblica de hoy:  Génesis 32

Tópico: Jacob se prepara para el encuentro con Esaú; Jacob lucha con Dios

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Biblia RV-1960

 
 

Lectura Bíblica

Génesis 1:1-2:4
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Génesis 34
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Génesis 41
Génesis 42
Génesis 43
Génesis 44
Génesis 45
Génesis 46-47
Génesis 48
Génesis 49:1-28
Génesis 49:29-50:26

 

La lucha con Dios  (Génesis 32)

A medida que Jacob y su comitiva viajaban hacia el río Jaboc, hoy llamado el wadi Zerqa, le salieron varios ángeles al encuentro. Cuando Jacob los vio, se detuvo allí y llamó al lugar Mahanaim, que quiere decir "dos campamentos" (vv. 2, 7, 10). Tal como lo había prometido, Dios estaba con Jacob en su viaje de regreso a Canaán (Génesis 28).

La perspectiva de reencontrarse con Esaú le infundía miedo. Jacob sabía que su hermano mayor era un hombre impetuoso. ¿Le daría rienda suelta a su ira? ¿Se vengaría de Jacob matándolo a él y exterminando todo lo que poseía? Si Esaú acariciaba pensamientos de venganza, Jacob iba a tratar de apaciguarlo con regalos. Tal vez si le mostraba deferencia y humildad y lo trataba como "Señor" y le enviaba presentes, se calmaría la ira de Esaú. Jacob envió mensajeros ante Esaú para comunicarle que se estaba aproximando. Los mensajeros regresaron y le dijeron a Jacob que Esaú venía ¡Con 400 hombres! Jacob se preparó para lo peor y dividió su familia y posesiones en diferentes grupos, enviándolos uno tras otro, tomando él la delantera delante de todos (33:3); con esto esperaba que su familia fuera preservada lo máximo posible del ataque de Esaú.

Lo que sucedió a continuación es supremamente importante para entender el desarrollo de carácter de Jacob. Sin embargo, antes de analizar los detalles del suceso, debemos estudiar la oración de Jacob.

Al leer acerca de la vida de Jacob hemos visto cómo después de ser un joven culto, imponente físicamente, que confiaba en sus propias astucias y artimañas para obtener lo que quería, manipulando a todos los que lo rodeaban, ahora era un hombre que había aprendido que la verdadera prosperidad, seguridad y paz dependen de la rectitud de uno delante de Dios. Esto es de por sí un gran cambio en el carácter. Pero cuando Jacob llegó al Jaboc después de servir durante varios años pastoreando los rebaños de Labán, él había dado un salto gigantesco en cuanto al desarrollo de su carácter. La oración de los versículos 9-12 nos pone de manifiesto que Jacob había llegado a entender que aun la justicia total delante de Dios no le da a uno ningún derecho de recibir las bendiciones divinas. Él confesó: "Menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo" (v. 10). Ahora Jacob se veía a sí mismo tal y como era en realidad: un hombre indigno, totalmente dependiente de la misericordia y la gracia inmerecida de Dios. Ahora, para alcanzar la madurez de su carácter, mientras Jacob está solo en medio de la oscuridad y sin ningún espectador, ocurre el más extraño episodio de lucha en toda la historia.

Esa noche un ser sobrenatural descendió para luchar con Jacob. Este ser, identificado como Dios, debe haber sido Jesucristo antes de ser encarnado, quien era el "Verbo" que estaba con Dios el Padre desde el principio y también era Dios (Juan 1:1-3, 14). No pudo haber sido Dios el Padre porque Jacob lo vio, y el apóstol Juan declaró: "A Dios nadie le vio jamás" (Juan 1:18), refiriéndose claramente al Padre en este versículo.

Al principio, Jacob tal vez no pudo identificar quién era su oponente, pero antes de que la lucha se terminara ya lo había identificado, porque más tarde lo llama Dios (v. 30). ¿Por qué quería Dios luchar con Jacob? Una mejor pregunta sería: ¿Por qué Jacob siguió luchando después de darse cuenta de que estaba luchando con Dios? ¿Cuál era el propósito de luchar con Dios? Dios podía derrotar muy fácilmente a su oponente, o podía simplemente enfrentarlo paso a paso hasta provocar un empate. O Dios podía perder deliberadamente. De cualquier forma, parecería ilógico continuar con la lucha. Entonces, ¿por qué Jacob continuó luchando? Por supuesto, no podemos estar seguros. Pero tal vez era debido simplemente porque Dios quería luchar para probar la perseverancia y actitud de Jacob. El episodio de la lucha, visto desde este punto de vista, podría también haber sido una prueba de sumisión: ¿Se sometería Jacob a seguir luchando, aunque pareciera sin sentido, tan sólo porque Dios así lo quería? Además, la conclusión nos indica que Jacob quería la bendición de Dios, y tal parece que Dios quería saber hasta qué punto la quería. Finalmente, Jacob demostró un sentimiento profundo de confianza en la bendición de Dios, y mostró que sería capaz de perseverar en lo que Dios estuviera haciendo con él, para poder recibir tal bendición. Al enfrentarse a Esaú o a cualquier otro obstáculo que más adelante pudiera surgir, él sabía que su astucia o ingenuidad no iban a salvarlo. Sabía que tendría que confiar solamente en Dios.

A medida que la contienda proseguía, Cristo se daba cuenta de que no iba a prevalecer contra Jacob. Esto no significa que Jacob estuviera ganando y Cristo perdiendo; simplemente significa que Jacob no estaba dispuesto a rendirse. Todavía seguía luchando. Entonces Cristo le desencajó el tendón del muslo, lo cual le dificultaba aún más a Jacob el seguir en la lucha. En medio de un intenso dolor, y aún con lágrimas (Oseas 12:3-4), Jacob no se rindió. Finalmente, Cristo le pidió a Jacob que lo soltara y lo dejara ir porque ya estaba amaneciendo. Pero Jacob le dijo que no lo dejaría ir hasta que lo bendijera. Esto no era ninguna desobediencia, como tal vez podamos pensar. En vez de esto, es evidente que Jacob entendía que debía mantenerse hasta recibir la bendición, porque esta era la causa por la cual la lucha había comenzado en primera instancia. En fe, debemos aferrarnos a Dios, quien ha prometido bendecirnos, hasta que nos bendiga, porque esto es lo que él nos ha dicho que debemos hacer. Al hacerlo así, Jacob venció y Dios le cambió su nombre por el de Israel, que significa "el que lucha con Dios". Esto no significa que Jacob ganó y Cristo perdió. De hecho, la lucha terminó sin que ninguno de los dos se hubiera rendido. Por supuesto que Cristo podía haber derrotado a Jacob en cualquier momento, pero esto no era el propósito de la lucha. La clave era ver si Jacob iba a perseverar con Dios en medio de la adversidad. Y él lo hizo. ¿Quién ganó la lucha entonces, Jacob o Cristo? La verdad es que ambos ganaron. Dios siempre prevalece, y ahora Jacob prevaleció con él. Debe suceder lo mismo con nosotros.

 

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