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| Lectura
Bíblica de hoy: Génesis
3
Tópico: Se come del fruto del árbol prohibido |
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El hombre y la mujer en el huerto del Edén (Génesis 3 ) En Génesis 1 los actos de la creación de Dios se
presentan en líneas generales. El propósito es dar una vista panorámica de la
actividad creadora de Dios. La creación del hombre y la mujer ocurrió en el
sexto día, pero no se dice nada acerca de la forma en que fueron creados ni se
dan otros detalles. En cambio, en Génesis 2 se detallan los actos específicos
de Dios al crear al hombre y se concentra en los sucesos del sexto día. El versículo 7 nos dice que Dios "formó" al
hombre y "sopló" en él. Formó indica generalmente un manejo
personal de lo que se está haciendo, con las manos, dándole la forma con los
dedos. Sopló indica una exhalación de aire profunda y definida,
parecida a la fuerza que se aplica en una resucitación boca a boca. La
creación de la humanidad, por lo tanto, aparece muy distinta de la creación de
las otras cosas de Génesis 1, porque en esos casos Dios solamente habló para
hacerlas existir. En el caso del hombre, sin embargo, "formó" y
"sopló" indica que Dios tomó parte personalmente al hacerlo. Los
seres humanos no solamente fueron creados de una forma tan especial, sino que
Dios les hizo además un jardín especial para que vivieran en él y lo
cuidaran. Vemos que un acto especial de creación produjo una criatura especial,
que después fue puesta en un ambiente especial y se le dio una labor especial
para realizar. Todos estos detalles tienen el propósito de darnos a conocer el
grado de compromiso y amor que Dios tiene con el hombre. A pesar del carácter especial de la creación del hombre,
éste fue creado del polvo de la tierra y "fue el hombre un ser
viviente". Las palabras ser viviente son traducidas del hebreo nefesh
chaih. De hecho, Génesis 1:20-21, 24 traduce nefesh como
"criatura", para referirse a los animales del mar y de la tierra; por
lo tanto, el hombre es otra clase de criatura más. En este aspecto no es
diferente de las bestias de la tierra. Esto nos trae a colación otro aspecto interesante de los
relatos de la creación en Génesis 1 y 2. A lo largo de estos capítulos hay
dos tendencias claras: por un lado se expresa la naturaleza especial del hombre,
y al mismo tiempo se hace hincapié en la conexión directa que éste tiene con
la tierra y cómo es distinto de Dios. Por ejemplo, para recalcar su
composición material, se destaca que el hombre ha sido creado de lo mismo que
fueron creados todos los animales y recibe la misma orden de multiplicarse. Pero
para hacerle énfasis a su superioridad, el hombre es la última criatura en ser
creada del polvo de la tierra, y le es dado dominio sobre todo lo demás. Para
recalcar su aspecto físico, el hombre es creado del polvo de la tierra; pero
para hacer notar su carácter único, es creado de una manera especialmente
personal e íntima. Por supuesto, existe otra diferencia muy importante entre
los animales y los seres humanos. Estos últimos tienen un componente espiritual
en su existencia. No debemos confundir esto con el falso concepto del alma
inmortal; estamos hablando de algo que no es consciente en sí mismo, sino que
le da al cerebro físico la facultad del intelecto humano. Este "espíritu
en el hombre" o "espíritu humano" es mencionado tanto en el
Antiguo Testamento como en el Nuevo. Es interesante notar que tanto la palabra
hebrea para espíritu (que es rúaj), como su equivalente en el Nuevo
Testamento, la palabra griega pneuma, tienen el mismo significado de
"viento" o "aliento". Tendría mucho sentido pensar que
cuando Dios sopló en la nariz de Adán aliento de vida, también le dio
"aliento espiritual", o sea el espíritu humano. Este espíritu es el
que nos permite tener una mente a imagen de la de Dios, con capacidad para tomar
decisiones morales y tener una verdadera relación con Dios. En estos versículos, el acto final de amor de Dios es la
creación de la mujer. De una manera maravillosa, Dios había suplido todas las
necesidades físicas del hombre que había creado. Nunca ha habido un clima más
saludable, un ambiente más agradable, un hogar más seguro o un trabajo más
estimulante que lo que había en el Edén. Y sin embargo Dios había creado al
ser humano con una naturaleza emocional e intelectual que sólo se satisfacía
teniendo compañía. De hecho, Dios había creado al hombre a su propia imagen,
y el hombre deseaba vivir en una familia, la cual prefiguraba la relación
familiar planeada por Dios. Entonces, Dios le creó al hombre una compañía
adecuada para él. De esta compañía vendría la reproducción humana, que
ampliaría la familia. Antes de crear a Eva, tal parece que Dios había decidido
hacer que el hombre se diera cuenta de la necesidad que tenía de compañerismo
emocional e intelectual. Le dijo a Adán que les pusiera nombre a los animales
que había creado, lo cual indica la autoridad del hombre. (En las Escrituras,
cuando alguien le asigna un nombre a otro, indica que el que da el nombre tiene
cierta autoridad sobre el que lo recibe. Por ejemplo, Dios es el que le da
nombre a Adán; Adán es el que nombra a Eva; Dios les da nuevos nombres a Abram
y Jacob; el faraón le da un nuevo nombre a José; Nabucodonosor les da otros
nombres a Daniel y a sus amigos; Dios nombra a Jesús; Jesús le da el nombre a
Pedro.) Pero al hacer esto, Adán está consciente de su soledad y de su
necesidad de compañía. Dios, debemos recalcarlo, no estaba permitiendo que
Adán buscara pareja entre los animales. Por el contrario, al ver los animales
Adán se daría cuenta de que todos tenían su pareja, y entendería la
necesidad que tenía de una compañía semejante para él. Dios tomó una de las
costillas del hombre y de ella hizo a Eva (la palabra hebrea literalmente
significa que "construyó" a la mujer). ¿Por qué Dios tomó una costilla? ¿Por qué no
simplemente hacer a la mujer del mismo polvo de la tierra? Hay varias
posibilidades, pero al fin y al cabo sólo podemos especular al respecto.
Primero, si hubiera hecho a la mujer del polvo de la tierra, esto podría dar
pie para que se discutiera cuál de los dos barros era mejor, si el de Adán o
si el de Eva. Segundo, al hacer a la mujer de una costilla, sería obvia la
naturaleza idéntica del hombre y la mujer. Tercero, al moldear a la mujer del
hombre, esto les recordaría a ambos que ninguno de los dos podría estar
completo sin el otro. Parafraseando a la poeta Mildred North: "La mujer no fue tomada de la cabeza del hombre, para que lo gobernara; ni tampoco de sus pies, para que él la aplastara; pero fue tomada de debajo de su brazo, para ser protegida, y de cerca de su corazón, para ser amada".
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