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| Lectura
Bíblica de hoy: Génesis
29:1-30:24
Tópico: Jacob se casa con Lea y con Raquel; los hijos de Jacob |
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El engaño de Labán (Génesis 29:1-30:24) La
llegada de Jacob a Padan-aram nos da una perspectiva muy reveladora de él. De
la conversación con los pastores reunidos en el pozo podemos deducir que Jacob
era educado, amable, entendido en los asuntos del pastoreo. El hecho de que
Jacob viviera en tiendas no significaba que viviera en un claustro; como dijimos
anteriormente, él era civilizado y culto, muy bien preparado en los negocios de
su familia. Además, no era ningún consentido sin fortaleza física. Cuando vio
a Raquel, removió la piedra de la boca del pozo, y las piedras circulares con
que se tapaban los pozos pesaban mucho. En el versículo 10 encontramos tres
veces la expresión: "Labán, hermano de su madre", lo que algunos
comentaristas han interpretado como si Jacob estuviera más interesado en
obtener el favor de Labán por medio de un informe positivo de Raquel, que en la
mujer misma. Claro que la ternura y el cariño demostrado por Jacob en el
versículo 11 nos demuestra la intensidad de sus sentimientos hacia sus
parientes. Era algo natural. Pero examinando todos los hechos, resulta evidente
que Jacob era una persona culta, sociable, negociante y bien dotado
físicamente, que al menos en sus sentimientos era algunas veces sincero, aunque
no era lo era tanto cuando se relacionaba con los demás; esto es, a veces
estaba buscando salirse con la suya, para su propio beneficio. Dios
estaba a punto de comenzar un largo proceso que le enseñaría a Jacob a tener
un concepto más humilde de sí mismo; para ello, iba a utilizar a Labán como
un instrumento muy importante. Tal vez en Canaán Jacob hubiera sido tranquilo,
capaz de dirigir los negocios de su familia y de engañar a su hermano mayor,
pero Esaú no se podía comparar de ninguna forma con Labán. Sin darse cuenta,
Jacob iba a encontrar la horma de su zapato. Cuando Raquel le contó a su padre
acerca de la llegada de Jacob, Labán corrió a su encuentro, tal vez sintiendo
la alegría de ver a un pariente (vv. 13-14), pero también, conociendo la forma
de ser de Labán, recordando los regalos que se dieron para su hermana Rebeca
(24:30). Jacob se quedó un mes con Labán, y durante ese mes ocurrieron dos
cosas: Jacob se enamoró de la hermosa Raquel y Labán se dio cuenta de ello.
Ahora Labán tenía una forma de hacer que Jacob le sirviera; tal vez comenzó a
planearlo desde que Jacob le "contó a Labán todas estas cosas" (v.
13), entre las cuales se encontraba, sin lugar a dudas, la razón de su viaje a
Harán. Reconociendo
la oportunidad, Labán le hizo una pregunta, al parecer muy generosa:
"¿Por ser tú mi hermano, me servirás de balde? Dime cuál será tu
salario" (v. 15). Jacob le pidió la mano de Raquel, lo cual sin lugar a
dudas Labán ya había previsto. Labán le puso a Raquel el precio de siete
años de servicio, lo cual Jacob aceptó alegremente. Pero en la noche de bodas,
Labán cambió a Lea por Raquel. Con los sentidos y el juicio alterados por las
bebidas de la fiesta (tal vez estimuladas aún más por Labán), Jacob llegó al
tálamo nupcial y se encontró totalmente a ciegas (esta oscuridad probablemente
también había sido propiciada por Labán, como parte de la conspiración, en
la cual aparentemente también participó Zilpa, v. 24). Lea tal vez guardó
silencio siguiendo las órdenes de su padre. De todas formas, es claro que Jacob
no se percató hasta la mañana siguiente de que había dormido con la mujer
equivocada (v. 25). Cuando Jacob lo confrontó airadamente por el engaño,
Labán le respondió: "No se hace así en nuestro lugar, que se dé la
menor antes de la mayor" (v. 26). Estas palabras debieron sonar como un
campanazo en los oídos de Jacob, porque como leímos anteriormente, él se
había ideado la forma de quitarle los derechos de la primogenitura a su hermano
gemelo Esaú, el primogénito. El engaño de Jacob se le estaba empezando a
volver en su contra Jacob se comprometió a otros siete años de servicio, y
pudo casarse con Raquel a la semana siguiente; pero la suerte estaba echada, su
familia ahora estaría dividida y sería infeliz. Jacob estaba cosechando lo que
había sembrado. La
familia de Jacob (Génesis 29:1-30:24) La
competencia entre Jacob y Esaú había traído prácticamente la guerra a la
casa de Isaac. Ahora Jacob tendría que vivir con un amargo recordatorio de los
frutos de sus caminos. Lea y Raquel peleaban constantemente por el amor de
Jacob. Jacob amaba profundamente a Raquel; la amó "más que a Lea", a
quien menospreció (vv. 30-31). Lea estaba en un segundo plano ante Jacob, una
posición muy difícil para cualquier mujer. Como Jacob trataba de esta forma a
Lea, Dios la bendijo con hijos (lo cual tal vez nos dé a entender que a los
ojos de Dios Lea no era la culpable principal del asunto, ya que su padre le
había obligado a casarse con Jacob). Al mismo tiempo, Raquel era estéril y se
sentía muy frustrada; se sentía traicionada por su padre y resentida contra su
hermana, a la cual ella considerabauna intrusa en su matrimonio. Con estas dos
mujeres y sus respectivas criadas, Jacob tendría 12 hijos y una hija. Los hijos
de sus esposas y concubinas también reñirían entre sí. Parte
de las dificultades familiares de Jacob tal vez tengan sus raíces en la
generación anterior de Isaac y Rebeca, quienes cometieron uno de los errores
más garrafales en la crianza de los hijos: tener favoritismos en la familia.
Isaac prefería ostensiblemente a Esaú, en tanto que el favorito de Rebeca era
Jacob. Esta situación propiciaba un ambiente malsano de competencia,
desconfianza, triquiñuelas, irrespeto y resentimiento evidente. Los dos hijos
de Isaac y Rebeca fueron las víctimas involuntarias de esto y Jacob a su vez
repitió el error en su propia familia: Raquel era la preferida por encima de
Lea, José era el favorito entre sus hermanos, y más tarde lo fue Benjamín.
Por supuesto que esto es más comprensible en el caso de Jacob, ya que en primer
lugar él no se quería casar con Lea. Pero de todas formas, ella era su esposa
y tenían hijos juntos, y debería haber hecho hasta lo imposible por
demostrarles todo su amor y afecto. Más tarde Dios le dio a Israel la siguiente ley: "No tomarás mujer juntamente con su hermana, para hacerla su rival, descubriendo su desnudez delante de ella en su vida" (Levítico 18:18). Tal parece que en la época de Jacob, Dios no les había revelado que esto era pecado. Pero la vida de Jacob es una demostración fehaciente de la gran necesidad que había de que esta ley fuera revelada.
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