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| Lectura
Bíblica de hoy: Génesis
28:6-22
Tópico: Esaú se casa con una mujer ismaelita; la visión y el voto de Jacob en Bet-el |
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La visión de Jacob en Bet-el (Génesis 28:6-22) Al
enviar a Jacob a Padan-aram, Isaac le había prohibido terminantemente que se
casara con una mujer cananea. Al enterarse por casualidad de esta orden, Esaú
resolvió tomar una mujer que fuera más aceptable para sus padres; al parecer,
todavía deseaba estar en una buena posición ante ellos, a ver si de esta forma
podía recibir una bendición mejor. Pero como más tarde lo iba a entender
Esaú, su padre Isaac no podía cambiar de opinión con respecto a la bendición
(Hebreos 12:17). Isaac sabía que todo lo que había acontecido había sido
permitido por Dios y él tenía que someterse a la elección que Dios había
hecho (ver Génesis 25:20-23). En
su viaje a Harán, Jacob se detuvo en un lugar llamado Luz, más tarde
rebautizado Bet-el. Jacob durmió allí y utilizó una piedra como cabecera
(Génesis 28:11). Al dormir tuvo un sueño, y en él Dios le aseguró a Jacob
que estaría con él y que regresaría a Canaán. Además, a Jacob le fue
confirmado el pacto con Abraham. Cuando Jacob se despertó, tomó la piedra en
que había descansado y la ungió, poniéndola como pilar o piedra sagrada.
Parece que Jacob hubiera tomado esta piedra para que lo acompañara durante el
viaje, porque la menciona en el contexto de regresar a Isaac (vv. 20-22) y
aparentemente la erigió y la ungió nuevamente en Bet-el (35:14-15); y todavía
más adelante, al final de su vida, parece que profetizó que la piedra estaría
con los descendientes de José al fin de los tiempos (49:24). Si Jacob llevó
esta piedra con él, como todo parece indicar, entonces habría una roca
física, típica, que viajaba con Jacob, señalando un paralelo con la Roca
espiritual (Dios), quien prometió que estaría con Jacob y no lo dejaría
(28:15). Jacob
también prometió que si Dios lo traía nuevamente a su padre Isaac, entonces
Dios sería el Dios de Jacob, y Jacob pagaría fielmente el diezmo. Estas
afirmaciones nos sorprenden, pero al analizar cuidadosamente el desarrollo de
carácter de Jacob podemos resolver la aparente dificultad planteada aquí.
Jacob seguramente había oído acerca de Dios. Isaac nunca había adorado a otro
Dios, sino sólo al que había conocido por medio de Abraham. Pero Jacob, aunque
adoraba a Dios, hasta cierto punto lo hacía buscando una retribución material.
Jacob tenía una personalidad manipuladora; se valía de los demás para obtener
sus propios fines, y Dios lo trató de la misma manera. Jacob servía a Dios por
un propósito egoísta. La historia de Jacob nos muestra cómo, con el tiempo,
él se transformó y dejó de ser un manipulador, para convertirse en alguien
que cosechó justicia por medio de sus acciones y, finalmente, se entregó
completamente a Dios y lo sirvió lleno de amor y devoción. Cuando Jacob dijo
que Dios sería su Dios, estaba diciendo que sólo iba a confiar en él; su
promesa de diezmar era una forma de honrar a Dios en reconocimiento de su
autoridad suprema. Así, ambas promesas llegan finalmente a profesarle una
devoción exclusiva a Dios. En muchos aspectos, Jacob es parecido a cualquier hombre. Para ser más precisos, todos nos parecemos a Jacob. Todos empezamos con una actitud de obtener, egoísta, concentrados en nuestros deseos y necesidades. A medida que crecemos, estamos menos centrados en nosotros mismos y más motivados por principios justos. Cuando maduramos, aprendemos a amar a Dios y a actuar por devoción a él. Debemos aprender a vivir con Dios, y a medida que la orientación de nuestro carácter cambia, es moldeada y dirigida, y pasamos por varias etapas, cada vez nos parecemos más y más a Dios. Por esta razón, el desarrollo del carácter de Jacob es uno de los estudios más interesantes del Génesis. | |||
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