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Lectura Bíblica de hoy:  Génesis 28:6-22 

Tópico: Esaú se casa con una mujer ismaelita; la visión y el voto de Jacob en Bet-el

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Biblia RV-1960

 
 

Lectura Bíblica

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Génesis 45
Génesis 46-47
Génesis 48
Génesis 49:1-28
Génesis 49:29-50:26

 

La visión de Jacob en Bet-el  (Génesis 28:6-22)

Al enviar a Jacob a Padan-aram, Isaac le había prohibido terminantemente que se casara con una mujer cananea. Al enterarse por casualidad de esta orden, Esaú resolvió tomar una mujer que fuera más aceptable para sus padres; al parecer, todavía deseaba estar en una buena posición ante ellos, a ver si de esta forma podía recibir una bendición mejor. Pero como más tarde lo iba a entender Esaú, su padre Isaac no podía cambiar de opinión con respecto a la bendición (Hebreos 12:17). Isaac sabía que todo lo que había acontecido había sido permitido por Dios y él tenía que someterse a la elección que Dios había hecho (ver Génesis 25:20-23).

En su viaje a Harán, Jacob se detuvo en un lugar llamado Luz, más tarde rebautizado Bet-el. Jacob durmió allí y utilizó una piedra como cabecera (Génesis 28:11). Al dormir tuvo un sueño, y en él Dios le aseguró a Jacob que estaría con él y que regresaría a Canaán. Además, a Jacob le fue confirmado el pacto con Abraham. Cuando Jacob se despertó, tomó la piedra en que había descansado y la ungió, poniéndola como pilar o piedra sagrada. Parece que Jacob hubiera tomado esta piedra para que lo acompañara durante el viaje, porque la menciona en el contexto de regresar a Isaac (vv. 20-22) y aparentemente la erigió y la ungió nuevamente en Bet-el (35:14-15); y todavía más adelante, al final de su vida, parece que profetizó que la piedra estaría con los descendientes de José al fin de los tiempos (49:24). Si Jacob llevó esta piedra con él, como todo parece indicar, entonces habría una roca física, típica, que viajaba con Jacob, señalando un paralelo con la Roca espiritual (Dios), quien prometió que estaría con Jacob y no lo dejaría (28:15).

Jacob también prometió que si Dios lo traía nuevamente a su padre Isaac, entonces Dios sería el Dios de Jacob, y Jacob pagaría fielmente el diezmo. Estas afirmaciones nos sorprenden, pero al analizar cuidadosamente el desarrollo de carácter de Jacob podemos resolver la aparente dificultad planteada aquí. Jacob seguramente había oído acerca de Dios. Isaac nunca había adorado a otro Dios, sino sólo al que había conocido por medio de Abraham. Pero Jacob, aunque adoraba a Dios, hasta cierto punto lo hacía buscando una retribución material. Jacob tenía una personalidad manipuladora; se valía de los demás para obtener sus propios fines, y Dios lo trató de la misma manera. Jacob servía a Dios por un propósito egoísta. La historia de Jacob nos muestra cómo, con el tiempo, él se transformó y dejó de ser un manipulador, para convertirse en alguien que cosechó justicia por medio de sus acciones y, finalmente, se entregó completamente a Dios y lo sirvió lleno de amor y devoción. Cuando Jacob dijo que Dios sería su Dios, estaba diciendo que sólo iba a confiar en él; su promesa de diezmar era una forma de honrar a Dios en reconocimiento de su autoridad suprema. Así, ambas promesas llegan finalmente a profesarle una devoción exclusiva a Dios.

En muchos aspectos, Jacob es parecido a cualquier hombre. Para ser más precisos, todos nos parecemos a Jacob. Todos empezamos con una actitud de obtener, egoísta, concentrados en nuestros deseos y necesidades. A medida que crecemos, estamos menos centrados en nosotros mismos y más motivados por principios justos. Cuando maduramos, aprendemos a amar a Dios y a actuar por devoción a él. Debemos aprender a vivir con Dios, y a medida que la orientación de nuestro carácter cambia, es moldeada y dirigida, y pasamos por varias etapas, cada vez nos parecemos más y más a Dios. Por esta razón, el desarrollo del carácter de Jacob es uno de los estudios más interesantes del Génesis.

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