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Lectura Bíblica de hoy:  Génesis 27:1 al 28:5

Tópico: Jacob obtiene la bendición por medio del engaño; profecía acerca de Esaú; Jacob huye de Esaú

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Biblia RV-1960

 
 

Lectura Bíblica

Génesis 1:1-2:4
Génesis 2:4-2:25
Génesis 3
Génesis 4
Génesis 5
Génesis 6
Génesis 7
Génesis 8
Génesis 9
Génesis 10
Génesis 11
Génesis 12
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Génesis 24
Génesis 25
Génesis 26
Génesis 27:1-28:5
Génesis 28:6-22
Génesis 29:1-30:24
Génesis 30:25-43
Génesis 31
Génesis 32
Génesis 33
Génesis 34
Génesis 35:1-26
Génesis 35:27-36:43
Génesis 37
Génesis 38
Génesis 39
Génesis 40
Génesis 41
Génesis 42
Génesis 43
Génesis 44
Génesis 45
Génesis 46-47
Génesis 48
Génesis 49:1-28
Génesis 49:29-50:26

 

El engaño de Jacob (Génesis 27:1-28:5)

Este capítulo contiene la bien conocida historia del engaño de Jacob a su padre Isaac. Es importante tener en cuenta todos los elementos de la historia y recalcar que previamente, de una forma astuta, Jacob había adquirido los derechos de la primogenitura. Jacob estaba sembrando unas semillas muy malas, que más tarde darían su fruto. Hay una ley real de causa y efecto que opera no solamente en el universo físico sino también en el universo moral. Lo que sembremos es lo que cosecharemos (Gálatas 6:7).

Es necesario recordar que Jacob obtuvo la primogenitura por medio de una transacción engañosa. Sin embargo, más tarde Jacob recibió de su misma medicina porque se encontró con uno más tramposo que él, Labán, quien por espacio de 20 años sacó ventaja de Jacob cada vez que tuvo la oportunidad. Aquí Jacob engaña a su padre ciego, con un cabrito sacrificado y con una piel especial. Más adelante, Jacob es engañado por Labán cuando es "cegado" por la oscuridad de su tálamo nupcial, y por sus propios hijos quienes lo engañaron y lo hicieron creer que su amado hijo José había perecido, y para convencerlo le mostraron la túnica de José empapada en la sangre de un cabrito que ellos mismos habían matado. También debemos analizar las palabras de Rebeca: "Sea sobre mí tu maldición". De hecho, ella sí la recibiría, porque de la misma forma en que Isaac no pudo ver a su hijo, así Rebeca tampoco podría volver a ver a su amado Jacob después de que éste partió para Padan-aram. Rebeca moriría antes del regreso de Jacob, 20 años más tarde.

Tengamos cuidado: Cosechar lo que sembramos es un principio espiritual. Y así como Dios no removió completamente la amargura de la cosecha que Jacob tendría que recoger —aunque Jacob finalmente se arrepintió y se convirtió— tampoco va a remover completamente la amargura de la cosecha que nosotros vamos a recoger. Los efectos espirituales de nuestras malas acciones pueden ser perdonados, pero habrá consecuencias físicas. "Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios" (Romanos 11:22). De la misma forma en que Dios permitió que Jacob cosechara lo que había sembrado y tuviera que vivir una vida amarga para ayudarle a depurar su carácter, él también hará lo mismo con nosotros en muchos casos. Es mejor sembrar buena semilla y cosechar buen fruto. Si sembramos una mala semilla, ¡es lo que vamos a cosechar también!

Después de que Jacob obtuviera la bendición por medio del engaño, Isaac y Rebeca lo mandaron a Padanaram, principalmente para ayudarle a escapar de la ira de Esaú, pero también con el propósito de que encontrara esposa entre las hijas de Labán, el hermano de Rebeca.

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