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| Lectura
Bíblica de hoy: Génesis
27:1 al 28:5
Tópico: Jacob obtiene la bendición por medio del engaño; profecía acerca de Esaú; Jacob huye de Esaú |
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| Comentario: | |||
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El
engaño de Jacob (Génesis 27:1-28:5) Este
capítulo contiene la bien conocida historia del engaño de Jacob a su padre
Isaac. Es importante tener en cuenta todos los elementos de la historia y
recalcar que previamente, de una forma astuta, Jacob había adquirido los
derechos de la primogenitura. Jacob estaba sembrando unas semillas muy malas,
que más tarde darían su fruto. Hay una ley real de causa y efecto que opera no
solamente en el universo físico sino también en el universo moral. Lo que
sembremos es lo que cosecharemos (Gálatas 6:7). Es
necesario recordar que Jacob obtuvo la primogenitura por medio de una
transacción engañosa. Sin embargo, más tarde Jacob recibió de su misma
medicina porque se encontró con uno más tramposo que él, Labán, quien por
espacio de 20 años sacó ventaja de Jacob cada vez que tuvo la oportunidad.
Aquí Jacob engaña a su padre ciego, con un cabrito sacrificado y con una piel
especial. Más adelante, Jacob es engañado por Labán cuando es
"cegado" por la oscuridad de su tálamo nupcial, y por sus propios
hijos quienes lo engañaron y lo hicieron creer que su amado hijo José había
perecido, y para convencerlo le mostraron la túnica de José empapada en la
sangre de un cabrito que ellos mismos habían matado. También debemos analizar
las palabras de Rebeca: "Sea sobre mí tu maldición". De hecho, ella
sí la recibiría, porque de la misma forma en que Isaac no pudo ver a su hijo,
así Rebeca tampoco podría volver a ver a su amado Jacob después de que éste
partió para Padan-aram. Rebeca moriría antes del regreso de Jacob, 20 años
más tarde. Tengamos
cuidado: Cosechar lo que sembramos es un principio espiritual. Y así como Dios
no removió completamente la amargura de la cosecha que Jacob tendría que
recoger —aunque Jacob finalmente se arrepintió y se convirtió— tampoco va
a remover completamente la amargura de la cosecha que nosotros vamos a recoger.
Los efectos espirituales de nuestras malas acciones pueden ser perdonados, pero
habrá consecuencias físicas. "Mira, pues, la bondad y la severidad de
Dios" (Romanos 11:22). De la misma forma en que Dios permitió que Jacob
cosechara lo que había sembrado y tuviera que vivir una vida amarga para
ayudarle a depurar su carácter, él también hará lo mismo con nosotros en
muchos casos. Es mejor sembrar buena semilla y cosechar buen fruto. Si sembramos
una mala semilla, ¡es lo que vamos a cosechar también! Después de que Jacob obtuviera la bendición por medio del engaño, Isaac y Rebeca lo mandaron a Padanaram, principalmente para ayudarle a escapar de la ira de Esaú, pero también con el propósito de que encontrara esposa entre las hijas de Labán, el hermano de Rebeca. | |||
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