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Lectura Bíblica de hoy:  Génesis 22

Tópico: El ofrecimiento de Isaac; la familia de Nacor

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Biblia RV-1960

 
 

Lectura Bíblica

Génesis 1:1-2:4
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Génesis 46-47
Génesis 48
Génesis 49:1-28
Génesis 49:29-50:26

 

El ofrecimiento de Isaac  (Génesis 22)

El ofrecimiento de Isaac es una de las historias más conocidas en la Biblia. De hecho, se ha convertido en un sinónimo de fe y de obediencia.

¿Por qué Dios necesitaba probar a Abraham? La respuesta está implícita en el versículo 12: "Porque ya conozco que temes a Dios". Como hemos mencionado anteriormente, el Génesis maneja varios temas recurrentes. Dos de esos temas son la soberanía de Dios y el sometimiento a él. ¿Temía realmente Abraham a Dios? ¿Era ese temor un profundo respeto por lo que él es, por su divino poder y su gran propósito? ¿Creía y confiaba de verdad en él con todo su ser? ¿O le obedecía Abraham simplemente por algunas recompensas inmediatas que Dios le daba por su obediencia? ¿Lo obedecería Abraham aun si las circunstancias le fueran muy adversas? La obediencia no es en sí misma, ni por sí misma, una prueba de amor o de sometimiento. Uno puede obedecer simplemente por temor o por buscar una recompensa material. ¿Cómo podría saber Dios? Era necesaria una prueba.

¿Qué estaría pensando Abraham? Él no se demoró en obedecer (se levantó temprano al día siguiente), pero a medida que él e Isaac viajaban hasta la tierra de Moriah, su mente debe haber estado pensando muchas cosas. Hebreos 11:17-19 nos permite saber algunos de sus pensamientos: "Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir". Abraham sabía muy bien que Dios podía levantar a Isaac de la muerte y así cumplir la promesa que le había hecho de que su principal línea de descendencia sería por Isaac y no por ningún otro hijo. A medida que se acercaba a Moriah, él iba reafirmándose en que podía contar con Dios. Pensaba en las promesas de Dios, en su integridad, en su carácter, y al sumar todos estos factores llegó a la conclusión de que Dios tendría que resucitar a Isaac. ¡La fe de Abraham estaba basada en un análisis serio de lo que Dios era!

La confianza de Abraham podemos verla en Génesis 22 cuando les dice a sus siervos: "Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros" (v. 5). ¡Les dijo que él e Isaac iban a regresar! De hecho, Abraham estaba profundamente convencido de esto. Su decisión y voluntad al ponerle el cuchillo en la garganta de Isaac probó tanto su obediencia como su fe, y además demostró que su fe era una fe basada en el sometimiento a la autoridad de Dios y no en el deseo de obtener alguna recompensa.

Pero Abraham no fue el único que fue probado. También parece que Isaac fue probado. ¿Se sometería a las aparentemente locas intenciones de su padre? ¿Se rebelaría en contra de su padre? La respuesta de Isaac fue la de simplemente someterse. No existe el menor indicio de resistencia por parte de él; al parecer, ni siquiera dijo una palabra en contra de lo que pasaba. La obediencia incondicional y el sometimiento voluntario de Isaac prefiguraban la relación que Jesucristo tuvo con Dios. Jesús nunca se opuso a la voluntad del Padre. Aunque su muerte sería humillante y dolorosa como ninguna otra, Jesús estaba absolutamente decidido a hacer la voluntad del Padre. Dijo: "No sea como yo quiero, sino como tú" (Mateo 26:39, 42).

Pero Abraham e Isaac no eran los únicos que estaban siendo probados. Dios también le estaba permitiendo a Abraham que lo probara a él. ¿Faltaría Dios a su palabra? Abraham había conocido a Dios por más de 30 años. Se había ido de su tierra y de sus familiares. Había guardado las leyes de Dios, sus estatutos y ordenanzas; incluso había hablado con él respecto a Sodoma y Gomorra. Abraham conocía a Dios, o al menos eso creía. Ahora Abraham tenía que enfrentarse a algo más. Durante tres días, Abraham consideró lo que se le había pedido que hiciera, y quién se lo había pedido. Durante tres días estuvo analizando y pensando. El punto central era: si Dios es Dios, entonces, él tiene que cumplir su promesa. Cómo iba a cumplirla era otra cosa. Pero finalmente, Abraham realmente llegó a conocer a Dios y sabía que él siempre cumplía su palabra.

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