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Lectura Bíblica de hoy:  Génesis 21

Tópico: El nacimiento de Isaac; la expulsión de Agar e Ismael; el pacto entre Abraham y Abimelec

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Biblia RV-1960

 
 

Lectura Bíblica

Génesis 1:1-2:4
Génesis 2:4-2:25
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Génesis 35:27-36:43
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Génesis 41
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Génesis 43
Génesis 44
Génesis 45
Génesis 46-47
Génesis 48
Génesis 49:1-28
Génesis 49:29-50:26

 

El nacimiento de Isaac  (Génesis 21)

Finalmente, después de 25 años, ¡Dios cumplió su promesa y les dio un hijo y heredero a Abraham y Sara! La espera había sido difícil, algunas veces frustrante, otras desalentadora. Pero de acuerdo con su palabra, Dios hizo justo lo que había prometido, y justo en el momento en que había dicho el año anterior (18:10, 14).

Pero el nacimiento del hijo prometido no trajo todo el gozo y paz que ellos habían esperado. En lugar de esto, el fruto del intento de Abraham y Sara por cumplir la promesa de Dios por medio de Agar, ahora se estaba volviendo gravoso. Los conflictos aparecieron en la familia a medida que Sara luchaba por asegurar la preeminencia de Isaac y se resentía por el amor que Abraham sentía por Ismael su otro hijo. Aunque la narración es relativamente breve, parece que las tensiones en la familia se habían estado aumentando durante cierto tiempo. El mal trato que Ismael le dio a Isaac fue tan sólo la gota que rebosó la copa.

Abraham estaba muy perturbado con todo esto. Él amaba a Ismael de verdad (17:18; 21:12) y probablemente hizo todo lo posible por mantener la paz en la casa, pero no había forma. En estas circunstancias, Dios le dijo a Abraham que obedeciera las palabras de Sara. Si Sara tenía derecho a sentir y a actuar como lo hizo no es el punto principal; para Dios era necesario que Ismael se separara de su familia.

Al pedir la separación, Dios le reafirmó a Abraham que Ismael sería bendecido, "porque es tu descendiente" (v. 13). En otras palabras, aunque Dios no estaba obligado a bendecir a Ismael, lo hizo por su amor a Abraham y porque Abraham amaba a Ismael. Debido a que Dios nos ama y nosotros amamos a otros, por nuestro bien él algunas veces extiende su amor y protección y bendiciones a aquellos que amamos. Esto es algo que se explica específicamente en 1 Corintios 7:14, en donde el apóstol Pablo nos dice que un cónyuge incrédulo es santificado por el creyente, como una extensión del amor que Dios siente por nosotros. Así, aunque estemos separados del mundo por el plan y el llamado de Dios, sin embargo, tenemos la seguridad de que por haber sido apartados por Dios, aquellos seres amados que todavía no se han convertido, con frecuencia compartirán ciertas demostraciones de la gracia de Dios.

En este contexto también debemos recalcar la clase de problemas que tendremos que afrontar si nos apartamos de lo que Dios nos dice acerca del matrimonio: que un hombre y una mujer deben unirse de por vida en una relación amorosa y monógama (Mateo 19:5-6). Como hemos estudiado en el ejemplo de Abraham, Sara y Agar, aquí en el capítulo 21 y anteriormente en el capítulo 16, las relaciones contrarias al modelo de Dios tan sólo nos causan problemas, dificultades, celos, amargura y miseria. Veremos además cómo estos problemas también estuvieron presentes en la vida de Jacob, el nieto de Abraham. Estos problemas tan difíciles debieran ayudarnos a recordar las consecuencias trágicas que tendremos que afrontar si es que decidimos hacer caso omiso de las leyes e instrucciones de Dios.

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