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| Lectura
Bíblica de hoy: Génesis
15
Tópico: Abram es contado como justo; profecía sobre la futura esclavitud y liberación |
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Abram
confía en las promesas de Dios (Génesis 15) Una
vez más, las promesas que Dios le hizo a Abram eran unas promesas que iban a
ser ampliadas. Este es un patrón muy frecuente en el Génesis: una promesa o
pacto, seguido por una ampliación. Los
sucesos descritos aquí ocurrieron algunos años después de que Abram hubiera
salido de Harán para ir a Canaán, obedeciendo el llamado de Dios. Él todavía
no tenía hijos, ni de Sarai ni de ninguna otra mujer. Ahora, años después de
que Dios le hubiera hecho la primera promesa, él era un hombre viejo y aún no
había ninguna señal de que esta promesa se fuera a cumplir. Pero como dijo el
apóstol Pablo al referirse a Abram, alguien que ya era de edad avanzada en la
cual ya no era posible esperar tener hijos, "no se debilitó en la fe al
considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto" (Romanos 4:19). Abram
tenía confianza en que Dios iba a cumplir su promesa. Él caminó por fe, no
por vista; sin embargo, la espera era difícil. Cuando Dios se le apareció a Abram en una visión y le aseguró protección y recompensa, Abram le recordó a Dios que todavía no tenía un hijo, y que de acuerdo con la costumbre de la época, su mayordomo Eliezer sería su heredero. Dios llevó a Abram afuera, en la noche, para que viera las estrellas, y le dijo: "Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar . . . Así será tu descendencia" (Génesis 15:5). En nuestra época moderna podemos pasar por alto la magnitud de esta promesa; el aire está tan contaminado y las luces de las ciudades oscurecen el claro brillo de los cielos de tal manera que el número de estrellas que podemos contar en una noche es relativamente escaso. Pero si usted tiene la oportunidad de viajar al desierto, o de subir a una montaña, y observar el cielo teniendo en mente este versículo, entonces se va a sentir asombrado. Imagínese cómo se sentiría Abram entonces. Aunque sorprendido, no dudó: "Y creyó al Eterno, y le fue contado por justicia" (v. 6). La
esclavitud y la promesa de la liberación (Génesis 15) Dios
le prometió a Abram que tendría una gran multitud de descendientes, pero
también le prometió que ellos serían esclavos durante cierto tiempo, y que
después serían liberados con gran riqueza. El período de 400 años que se
menciona en el versículo 13 no es el período de su esclavitud. La cronología
bíblica nos señala que Israel estuvo esclavizado por cerca de 200 años. Los
400 años parecen comprender desde la fecha de la muerte de Abraham hasta el
momento en que Israel tomó posesión de la Tierra Prometida (aunque existen
otras posibilidades). ¿Por qué tendría que haber una demora para que Israel poseyera la tierra y por qué tendría que estar en servidumbre en un país extranjero? Al menos una de las razones es mencionada específicamente. Dios dijo que la iniquidad de los amorreos, quienes moraban en Canaán, todavía no había colmado la medida, y esto significaba que Dios todavía estaba extendiendo su misericordia sobre ellos, dándoles tiempo para que se arrepintieran. Dios trata de una manera justa con todas las personas, y con frecuencia demora el castigo hasta que la situación llega a su colmo y no muestra ningún indicio de poder mejorar. Pero tal vez otra razón para la demora y la servidumbre era el acondiciona-miento o preparación de Israel. Si Israel alcanzara su máximo desarrollo en la Tierra Prometida sin tener que afrontar ningún problema, tal vez hubiera tenido una actitud de autosuficiencia. Para el razonamiento humano, "si todo está bien, ¿quién necesita a Dios?" Pero el hecho de permitir que Israel fuera esclavizado, los humillaría y les haría estar más dispuestos a escuchar. Aunque ellos definitivamente disgustaron a Dios y se rebelaron en contra de él, lo sirvieron más de lo que lo hubieran servido en otras condiciones. Como Dios le dijo a Pablo, "mi poder se perfecciona en la debilidad" (2 Corintios 12:9; Hebreos 11:34). Es más, el hecho de que Israel hubiera sido liberado de la esclavitud y engrandecido después, era algo más fácilmente atribuible a Dios.
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