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Lectura Bíblica de hoy:  Génesis 2:4-2:25

Tópico: El hombre y la mujer en el huerto del Edén

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Biblia RV-1960

 
 

Lectura Bíblica

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El hombre y la mujer en el huerto del Edén

En Génesis 1 los actos de la creación de Dios se presentan en líneas generales. El propósito es dar una vista panorámica de la actividad creadora de Dios. La creación del hombre y la mujer ocurrió en el sexto día, pero no se dice nada acerca de la forma en que fueron creados ni se dan otros detalles. En cambio, en Génesis 2 se detallan los actos específicos de Dios al crear al hombre y se concentra en los sucesos del sexto día.

El versículo 7 nos dice que Dios "formó" al hombre y "sopló" en él. Formó indica generalmente un manejo personal de lo que se está haciendo, con las manos, dándole la forma con los dedos. Sopló indica una exhalación de aire profunda y definida, parecida a la fuerza que se aplica en una resucitación boca a boca. La creación de la humanidad, por lo tanto, aparece muy distinta de la creación de las otras cosas de Génesis 1, porque en esos casos Dios solamente habló para hacerlas existir. En el caso del hombre, sin embargo, "formó" y "sopló" indica que Dios tomó parte personalmente al hacerlo. Los seres humanos no solamente fueron creados de una forma tan especial, sino que Dios les hizo además un jardín especial para que vivieran en él y lo cuidaran. Vemos que un acto especial de creación produjo una criatura especial, que después fue puesta en un ambiente especial y se le dio una labor especial para realizar. Todos estos detalles tienen el propósito de darnos a conocer el grado de compromiso y amor que Dios tiene con el hombre.

A pesar del carácter especial de la creación del hombre, éste fue creado del polvo de la tierra y "fue el hombre un ser viviente". Las palabras ser viviente son traducidas del hebreo nefesh chaih. De hecho, Génesis 1:20-21, 24 traduce nefesh como "criatura", para referirse a los animales del mar y de la tierra; por lo tanto, el hombre es otra clase de criatura más. En este aspecto no es diferente de las bestias de la tierra.

Esto nos trae a colación otro aspecto interesante de los relatos de la creación en Génesis 1 y 2. A lo largo de estos capítulos hay dos tendencias claras: por un lado se expresa la naturaleza especial del hombre, y al mismo tiempo se hace hincapié en la conexión directa que éste tiene con la tierra y cómo es distinto de Dios. Por ejemplo, para recalcar su composición material, se destaca que el hombre ha sido creado de lo mismo que fueron creados todos los animales y recibe la misma orden de multiplicarse. Pero para hacerle énfasis a su superioridad, el hombre es la última criatura en ser creada del polvo de la tierra, y le es dado dominio sobre todo lo demás. Para recalcar su aspecto físico, el hombre es creado del polvo de la tierra; pero para hacer notar su carácter único, es creado de una manera especialmente personal e íntima.

Por supuesto, existe otra diferencia muy importante entre los animales y los seres humanos. Estos últimos tienen un componente espiritual en su existencia. No debemos confundir esto con el falso concepto del alma inmortal; estamos hablando de algo que no es consciente en sí mismo, sino que le da al cerebro físico la facultad del intelecto humano. Este "espíritu en el hombre" o "espíritu humano" es mencionado tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Es interesante notar que tanto la palabra hebrea para espíritu (que es rúaj), como su equivalente en el Nuevo Testamento, la palabra griega pneuma, tienen el mismo significado de "viento" o "aliento". Tendría mucho sentido pensar que cuando Dios sopló en la nariz de Adán aliento de vida, también le dio "aliento espiritual", o sea el espíritu humano. Este espíritu es el que nos permite tener una mente a imagen de la de Dios, con capacidad para tomar decisiones morales y tener una verdadera relación con Dios.

En estos versículos, el acto final de amor de Dios es la creación de la mujer. De una manera maravillosa, Dios había suplido todas las necesidades físicas del hombre que había creado. Nunca ha habido un clima más saludable, un ambiente más agradable, un hogar más seguro o un trabajo más estimulante que lo que había en el Edén. Y sin embargo Dios había creado al ser humano con una naturaleza emocional e intelectual que sólo se satisfacía teniendo compañía. De hecho, Dios había creado al hombre a su propia imagen, y el hombre deseaba vivir en una familia, la cual prefiguraba la relación familiar planeada por Dios. Entonces, Dios le creó al hombre una compañía adecuada para él. De esta compañía vendría la reproducción humana, que ampliaría la familia.

Antes de crear a Eva, tal parece que Dios había decidido hacer que el hombre se diera cuenta de la necesidad que tenía de compañerismo emocional e intelectual. Le dijo a Adán que les pusiera nombre a los animales que había creado, lo cual indica la autoridad del hombre. (En las Escrituras, cuando alguien le asigna un nombre a otro, indica que el que da el nombre tiene cierta autoridad sobre el que lo recibe. Por ejemplo, Dios es el que le da nombre a Adán; Adán es el que nombra a Eva; Dios les da nuevos nombres a Abram y Jacob; el faraón le da un nuevo nombre a José; Nabucodonosor les da otros nombres a Daniel y a sus amigos; Dios nombra a Jesús; Jesús le da el nombre a Pedro.) Pero al hacer esto, Adán está consciente de su soledad y de su necesidad de compañía. Dios, debemos recalcarlo, no estaba permitiendo que Adán buscara pareja entre los animales. Por el contrario, al ver los animales Adán se daría cuenta de que todos tenían su pareja, y entendería la necesidad que tenía de una compañía semejante para él. Dios tomó una de las costillas del hombre y de ella hizo a Eva (la palabra hebrea literalmente significa que "construyó" a la mujer).

¿Por qué Dios tomó una costilla? ¿Por qué no simplemente hacer a la mujer del mismo polvo de la tierra? Hay varias posibilidades, pero al fin y al cabo sólo podemos especular al respecto. Primero, si hubiera hecho a la mujer del polvo de la tierra, esto podría dar pie para que se discutiera cuál de los dos barros era mejor, si el de Adán o si el de Eva. Segundo, al hacer a la mujer de una costilla, sería obvia la naturaleza idéntica del hombre y la mujer. Tercero, al moldear a la mujer del hombre, esto les recordaría a ambos que ninguno de los dos podría estar completo sin el otro.

Parafraseando a la poeta Mildred North: "La mujer no fue tomada de la cabeza del hombre, para que lo gobernara; ni tampoco de sus pies, para que él la aplastara; pero fue tomada de debajo de su brazo, para ser protegida, y de cerca de su corazón, para ser amada".

 

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