Lectura Bíblica de hoy:  Éxodo 15

Tópico: De un canto de jubilosa alabanza a quejas amargas

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De un canto de jubilosa alabanza a quejas amargas (Éxodo 15)

Después de ver la milagrosa intervención del Eterno, que puso punto final a la ofensiva del ejército del faraón, los israelitas quedaron asombrados. Moisés compuso un canto, y la multitud lo cantó con sentida gratitud por la liberación de Dios. María, profetisa y hermana mayor de Moisés, dirigió a las mujeres en la danza, acompañada por panderos.

¡Si el capítulo pudiera terminar con este final feliz! Pero era tiempo de seguir adelante y transcurrieron tres días sin que se encontrara ninguna fuente de agua. Sus reservas se habían agotado y el pueblo tenía mucha sed. En el árido clima de la región, tanto las personas como los animales necesitaban agua en grandes cantidades todos los días. El agua se guardaba en pieles de animales, que "sudaban". Cuando el viento seco golpeaba en las pieles, esto tenía un efecto refrescante, y la enfriaba. Pero con un número tan grande de personas y animales, se necesitaba una enorme cantidad de agua. ¿Le pidió la gente a Dios para que supliera sus necesidades, a aquel que los había salvado y hasta el momento les había dado todo lo que necesitaban?

Desafortunadamente, sólo habían transcurrido unos pocos días desde semejante despliegue de poder en el mar Rojo y ya encontramos a los israelitas quejándose delante de Moisés. Cuando llegaron al oasis llamado Mara, llamado así porque el agua era amarga, nuevamente Dios se valió de un milagro para enseñarles una lección. Además de purificar las aguas milagrosamente, por misericordia y a pesar de sus quejas, Dios hizo un pacto con los israelitas. Mientras confiaran en él y lo obedecieran, él también sería su sanador. Las enfermedades y sufrimientos que les había enviado a los egipcios por su ignorancia, irrespeto y desobediencia a las leyes justas de Dios, no afligirían a los israelitas. Parte de la promesa que Dios hizo a Israel de que escaparían de las enfermedades y plagas, estaba relacionada con la obediencia a los estatutos que les había dado con respecto a la salud física. Hay muchos principios de la salud que Dios dio por medio de Moisés y los podemos encontrar en todo el Pentateuco. Tienen que ver con la higiene pública, el suministro de agua, eliminación de los desechos, una dieta adecuada y control de las enfermedades infecciosas. Ya que Dios les dio una instrucción tan detallada en estas cosas, tal vez esto pueda implicar que mientras Israel se encontraba en Egipto no estaba viviendo de acuerdo con las leyes de la salud de Dios. Los médicos S.I. McMillen y David E. Stern, en su libro None of These Diseases: The Bible’s Health Secrets for the 21 st Century ["Ninguna de estas enfermedades: Los secretos para una buena salud en el siglo 21 según la Biblia"], 2000, pp. 9-11), escribieron que las prácticas sanitarias y médicas de Egipto eran abominables. Hay una lección para nosotros en esto. Dios quiere que tengamos buena salud y además él es nuestro sanador. Sin embargo, si en la actualidad no vivimos de acuerdo con lo que sabemos son unos sabios principios para la buena salud, no estaremos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para mantener la salud, y muy seguramente nos enfermaremos. Dios espera que vivamos sabiamente y hagamos lo que podamos para conservar nuestra salud en buen estado.

Cuando los israelitas llegaron a otro oasis, llamado Elim, había un pozo para cada tribu. También leemos que había 70 palmeras, número que más adelante correspondió al número de ancianos de Israel (Números 11:24-25).

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